La balanza energética argentina alcanzó un superávit récord de US$3280 millones, el mayor en 35 años, consolidando al sector como motor de la economía.
El primer semestre del año marcó un hito para la Argentina: el sector energético no solo se consolidó como el segundo complejo exportador del país, detrás del sojero, sino que también registró el superávit comercial más alto en más de tres décadas. Este desempeño confirma un cambio estructural en la matriz productiva nacional, donde la energía emerge como un pilar estratégico para el desarrollo económico.
Las exportaciones de petróleo y gas representaron más del 14% de los envíos totales, un crecimiento notable frente al 6% de 2020 y al 3,7% de 2015. Con US$5650 millones exportados en el primer semestre, el complejo energético se ubicó por encima de sectores históricos como el automotor, el maicero y el de carnes.
El salto no se debe solo a la coyuntura internacional, sino al dinamismo interno: mientras las exportaciones crecieron un 9,7%, las importaciones cayeron un 5,2%. De este modo, el saldo positivo se convirtió en el más elevado del siglo, superando incluso los US$3949 millones si se incluyen los primeros siete meses del año.
Vaca Muerta, motor de la transformación
El desarrollo de Vaca Muerta y de la cuenca neuquina está en el centro de este fenómeno. La producción de petróleo creció un 11% y la de gas un 4% en comparación con 2024. Según proyecciones, el país podría alcanzar la mayor producción petrolera desde 1998 y la cifra más alta de gas natural en su historia.
La baja en la producción gasífera boliviana también abre oportunidades para ampliar mercados de exportación, mientras que la puesta en marcha del Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) promete potenciar la capacidad de exportación a través del Mar Argentino.
Proyección de un sector líder
Especialistas estiman que, de mantenerse esta tendencia, hacia 2030 las exportaciones de combustible y energía podrían alcanzar los US$36.000 millones, superando incluso a los productos agropecuarios, históricamente el motor del comercio exterior argentino.
El sector energético no solo generará divisas por producción, sino que también atraerá inversión extranjera directa, consolidándose como un eje estratégico para el crecimiento económico.
En un contexto donde la Argentina necesita señales positivas, la energía se perfila como el gran motor del futuro, capaz de transformar la balanza comercial y devolver al país un lugar de liderazgo en la región.




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