Ganó Kicillof en la provincia de la ignorancia

En la provincia de la ignorancia, triunfaron la inflación, el narcotráfico y la corrupción

Es difícil explicar lo que ocurrió en la provincia de Buenos Aires. Muchas veces caemos en el error de creer que “lo lógico es lógico” y que el sentido común mueve a las masas. Esa concepción funciona en sociedades con cultura cívica sólida, historia asumida y mentalidad de progreso. No es el caso argentino, y mucho menos el bonaerense.

El voto mayoritario por la inflación, la corrupción, el narcotráfico y la pobreza puede parecer un sinsentido, pero responde a una lógica implacable: la naturaleza humana sometida a una ignorancia programada en convivencia con el populismo.

La analogía de Oxana Málaya

El caso de Oxana Málaya, la niña de la ex Unión Soviética que creció entre perros, caminaba en cuatro patas, ladraba y comía del suelo, ilustra con crudeza la condición humana sin socialización, sin estímulos cognitivos ni referentes sanos a seguir. Oxana era el resultado del abandono: sin familia, sin cariño, sin aprendizaje y sobre todo, sin capacidad de razonar.

El peronismo ha reproducido a escala social un fenómeno similar. Ha creado millones de “Oxanas Málaya”, hijos de la nada, nacidos sin amor, sin incentivos, sin crianza ni proyectos de vida. El ser humano llevado a lo más bajo de su instinto animal, es el ser más manipulable de la tierra, que vota a la par del hombre de bien, y es dependiente de su amo o líder político. La “cultura K” lo hizo transformando la pobreza en culto, destruyendo valores familiares y reemplazándolos con ideologías repetidas como dogmas.

El manual populista fue claro: ocultar realidades, fomentar la dependencia, multiplicar hijos bajo la promesa de subsidios, incentivar la droga, el alcohol y la música chatarra como motores culturales. A esto sumó un relato de enemigos imaginarios, héroes de cartón y victimización de delincuentes.

El resultado es una masa social sin habilidades, sin normas de convivencia y muchas veces empujada al delito. El populismo convirtió al delincuente en víctima y al trabajador honesto en sospechoso. Mientras tanto, quienes buscaban progresar dignamente pasaron a ser considerados peligrosos.

Una mentalidad sana exige lo contrario: que el vago trabaje, que los padres críen a sus hijos, que el delincuente vaya preso, y que la vida se construya sobre el esfuerzo, el conocimiento y la planificación.

El síndrome de Estocolmo político

El kirchnerismo se ha convertido en una variante política del síndrome de Estocolmo: los oprimidos defienden a sus opresores, aun cuando estos los humillan y empobrecen.

A los votantes no les importa si su líder es la dirigente más corrupta de la historia, que no pueda justificar su fortuna insultante, ni si durante la pandemia un padre debió llevar en brazos a su hija con cáncer porque el Estado le cerraba las puertas. Tampoco les importa el asesinato de Lucio Dupuy, producto de un entramado cultural que el propio populismo alimentó.

El kirchnerismo es, en esencia, una enfermedad social.

La provincia de Buenos Aires y su verdugo

En este contexto, Axel Kicillof —populista empobrecedor por excelencia— obtuvo más del 47% de los votos en las elecciones bonaerenses. Resulta incomprensible cómo un dirigente responsable de la mayor decadencia social y económica logra mantener semejante caudal electoral.

Ante semejante realidad, no parecen descabelladas las discusiones históricas sobre la Constitución de 1853, cuando Buenos Aires no era parte de la Argentina. Y menos aún las propuestas de establecer límites estrictos contra el contagio populista, tal como se hace con la fiebre aftosa.

Hay que analizar seriamente si con una sociedad tan destruida culturalmente realmente se puede pensar en que este país tenga chances de salir adelante.

Milei y el espejo de la normalidad

Con todos sus errores discursivos y contradicciones, Javier Milei representa hoy la voz de quienes buscan un país normal. Paradójicamente, “el loco” encarna la sensatez frente a una clase política que naturalizó el saqueo.

Milei no hizo magia: simplemente aplicó una regla básica de cualquier economía doméstica, gastar menos de lo que se tiene, y comenzó a ordenar un país devastado. No heredó un equipo consolidado ni una estructura partidaria sólida; armó lo que pudo con lo que tuvo. Y, aun así, consiguió más de 30 bancas en la provincia más difícil, donde la ignorancia se transformó en sistema.

El contraste es evidente: mientras Kicillof retuvo su caudal, Milei creció de manera considerable en un territorio hostil. El dato es contundente: en la provincia de los “Oxanas”, el populismo sigue fuerte, pero la alternativa comienza a abrirse paso.

El desafío es enorme: combatir décadas de ignorancia y dependencia no se logra en un año ni en un gobierno. Es un proceso largo, que requiere firmeza y convicción.

Por ahora, la provincia de Buenos Aires sigue eligiendo a su verdugo. Y el país, rehén de esa decisión, enfrenta el dilema de si permitirá que la ignorancia siga marcando el rumbo o si, al fin, elegirá el camino de la sensatez y el progreso.

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Comentarios

Una respuesta a «En la provincia de la ignorancia, triunfaron la inflación, el narcotráfico y la corrupción»

  1. Avatar de Carlos Beovidez
    Carlos Beovidez

    TOTALMENTE DE ACUERDO CON EL ANÁLISIS DEL EDITORIAL, PERO…¿¿¿ CREEN QUE SI MILEI LES HUBIERA CAMBIADO O LES HUBIERE DADO MEJOR CALIDAD DE VIDA A LOS BONAERENSES, ESTOS HUBIERAN VOTADO A LLA..?? GROSO ERROR, SEGUIRÍAN VOTANDO A A SUS «AMOS»; POR ELLO ME QUEDO CON LA PARTE QUE SE MENCIONA DE LA CONSTITUCIÓN DEL AÑO 1853, BUENOS AIRES CON LAS «DÉCADAS GANADAS», SIGUE SIN INCORPORARSE AL TERRITORIO NACIONAL Y ELLO OBVIAMENTE SE REVERTIRÁ, EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES..!! UN ABRAZO..!!

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