Las ideologías de izquierda han hecho estragos en la sociedad argentina. Uno de los ejes más repudiables es la imposición de leyes que van no sólo directamente en contra al principio de igualdad ante la Ley, sino que naturaliza la destrucción de la cultura argentina y atenta contra la constitución del núcleo familiar.
Disfrazado de acto revolucionario, el accionar del populismo argentino se centró en crear problemas inexistentes, aumentar exponencialmente el tamaño de problemas que eran pequeños y empeorar la situación de personas que realmente tienen problemas de violencia doméstica o por cuestiones de género reales.
El código penal argentino ya contemplaba como delitos a los diferentes tipos de violencia. Sin embargo, crear un enemigo artificial para mostrarse como héroe o defensor en luchas imaginarias, forma parte del manual de la izquierda obtusa y agresiva.
A todo ello, hay que sumarle la corrupción violenta que todo ese circo populista significó: miles de millones de pesos de todos los argentinos se destinaban a cuevas de ladrones populistas que no rendían cuentas, se llevaban sueldos del estado por no hacer nada y hasta creando ministerios como el “Ministerio de la Mujer”, que, lejos de traer soluciones, logró empeorar el panorama social aumentando los casos de delitos contra las mujeres.
Contradicción ideológica: La mujer como ser inferior en ideologías de género.
La ideología de género, lejos de valorar a la mujer, la impone como un ser inferior que necesita de leyes especiales. Asimismo, la Legislación habilita a auto percibirse mujer a cualquier hombre, por lo que toda esta ideología se vuelve una contradicción en sí misma.
Y como eso no era suficiente, crearon “nuevos géneros” a los cuales les deben prestar especial protección e incluso, prioridad para entrar al empleo público, dejando de lado a la idoneidad de las personas.
Es así como algunos “vivos” se jubilaron con la edad jubilatoria de las mujeres; o presos pidieron estar en pabellones femeninos y hombres ingresan vestidos de mujer a baños y vestuarios donde hay mujeres y niñas.
La imposición de ideologías nefastas en las escuelas
Fue el hecho más atroz del gobierno kirchnerista: la tergiversación y la falsedad informativa destinada a niños y adolescentes, mintiéndoles sobre sexualidad, rompiendo la cultura familiar y social, sin respetar los valores de cada familia. El estado se imponía entonces contra los valores y costumbres familiares, destruyendo el núcleo básico de todo ser humano.
Abusaron psicológicamente de niños que no tenían la capacidad cognitiva mínima para comprender cuestiones sexuales, pervirtiendo sus cabecitas inocentes con imágenes obscenas de prácticas sexuales de personas con evidentes trastornos psicológicos, mostrándolas como “naturales” y dignas de lástima y de subsidios sin contraprestaciones.

En cuanto a los adolescentes, directamente los incitaban a la homosexualidad cuando esa preferencia sexual ni siquiera estaba en las mentes de muchos adolescentes.
No expusieron a la homosexualidad como una preferencia de algunas personas, sino como un camino a seguir; como algo que “da lo mismo”, con el agravante de mostrar algunos casos extremos insanos e insalubres como modelos a seguir.
Todo aquel que piense diferente en las escuelas es reprimido, tanto alumnos como docentes.
Pero ello no terminó allí, hubo una naturalización de los problemas psicológicos de minorías con problemas sexuales. Lejos de mostrarlos como trastornos de personalidad, hubo una invitación a pervertirse, a desconocerse, y a desvincular su psiquis con su anatomía.

Pusieron en un plano de igualdad a relaciones heterosexuales, cuya anatomía es naturalmente compatible entre sexos, con relaciones en las que se comprometen partes del cuerpo no diseñadas naturalmente para ese uso, con exposición directa a heridas al contacto con materia fecal, y a otras acciones que, sin la debida atención, pueden traer consecuencias graves para la salud física y mental; incluso la muerte.
La sexualización pervertida de los menores no tiene otra finalidad que la naturalización del sexo entre adultos y menores, fomentando la explotación sexual y el abuso de indefensos e inmaduros en manos de los pervertidos que predican estas ideologías. Hechos que se demuestran en casos de políticos abusadores que han sido condenados, pero al mismo tiempo defendidos por los promotores de estas ideologías.
La imposición de ideologías a través de la Ley.
Como el discurso no era suficiente, el populismo buscó y logró imponerle a la sociedad leyes como la Ley Micaela, con la perversión de usar el nombre de una mujer asesinada como vehículo para distorsionar la finalidad de la Ley, que no fue más que imponer ideologías.
A partir de esa ley, toda persona era considerada ignorante y debía someterse a un curso de adoctrinamiento ideológico si trabajaba en el estado, incluso, si era ajeno al empleo público, debía hacer un curso de género hasta para tramitar un carnet de conductor.
La necesidad de idiotas útiles.
Todo plan populista necesita de idiotas útiles que lo pongan en marcha y lo sostengan, como así también, necesita de un mínimo sector social ignorante que consuma su ideología como material cierto.
Y así aparecieron dos clases de personajes: los que lucraban con la ideología y los que le repetían como dogma. La izquierda se prestó abiertamente a este juego.
Los primeros son los que recibían -y aún reciben en algunos sectores- dinero de las arcas del estado para difundir la ideología; ya sea, disfrazándose de “expertos” en la materia dictando cursos adoctrinadores, o como difusores sociales, docentes y otros.
En cuanto al segundo grupo, no es más que la masa boba que comprende a todo grupo dogmático, que creen y repiten sin sentido todas y cada una de las frases impuestas como verdades absolutas. Generalmente no pueden sostener coherentemente una respuesta una pregunta básica y lógica, como ¿Qué es un hombre y qué es una mujer?
Dentro de los idiotas útiles, también están otros que sacaron su propio provecho económico: algunos profesionales de baja estirpe que publicaban libros sin base científica intentando justamente asentar las bases ideológicas y dogmáticas como si se tratara de ciencia.
El grupo más peligroso: el dogmático judicial.
El populismo enfermó a la sociedad como un virus de rápida propagación. Bajo esas banderas se han designado funcionarios judiciales dogmatizados, que, conjuntamente con las perversas ideologías transformadas en leyes, no tardaron en imponer su perversión a fuerza de Ley.
Es así como a cualquier presunto delito por el que una mujer denuncie a un hombre, inmediatamente se lo caratula como “violencia de género”, sin importar si lo denunciado tenía algo que ver con cuestiones de género.
Así, caratulando a cualquier caso como “violencia de género”, aparecían mediáticamente las funcionarias judiciales a festejar la imputación de algún indefenso.
El hecho de tratar a cualquier situación como “violencia de género” hizo que repentinamente aparecieran como por arte de magia casos para justificar su inmerecido salario judicial, que no es poco dinero.
Desde lo ético y vergonzoso también podemos notar el vocabulario que utilizan estas funcionarias en público para seguir imponiendo sus nefastas ideologías. Recurren una y otra vez a vocablos como “machismo”; la constante mezcla del género masculino y femenino en cada frase demostrando ignorancia de la lengua española; o incluso a imbecilidades semánticas y morfológicas como “machirulismo” para atentar contra personas por el simple hecho de ser del sexo opuesto.

La disforia de género y la adopción de menores.
La disforia de género es un trastorno que afecta profundamente a algunas personas. Más allá del respeto que toda persona merece, se trata de una situación que provoca enorme malestar a los afectados y no les permite vivir una vida plena y ser felices.
La imposición de las ideologías de género, mezclándose con la disforia de género, también tuvo sus consecuencias en la infancia de niños que fueron adoptados, o incluso engendrados en vientres alquilados o en laboratorios, para ser criados con personas con serios trastornos de personalidad.
Que un niño se críe en ambientes de trastornos serios explícitos es grave. También es grave que se críe solo en un orfanato. Hallar un equilibrio es una tarea dura que ningún legislador a tratado.
Y esa falta de discusión certera e inteligente ha convertido a algunos chicos en mascotas para saciar la necesidad de algunas personas de verse como padres siendo mujeres, o como madres, siendo hombres vestidos de mujer.
Esta situación de niños usados como mascotas también tienen apoyo de la televisión, especialmente de personajes famosos que juegan a ser padres o madres, y lejos de preservar la intimidad que ello merecería, muestran a sus hijos como herramientas de levantamiento de rating ante un público mediocre y obsceno que gusta de consumir ese tipo de “novedades”.
No nos olvidemos que los medios masivos se han caracterizado por años por contar con toda clase de pervertidos, degenerados, abusadores, alcohólicos, prostitutas, drogadictos de élites sociales; cuyo elitismo les ha brindado cierto “poder de opinión” para imponer a la sociedad sus costumbres y así naturalizar sus actos.
Aires de cambio.
Posiblemente, esté llegando el fin del circo de perversión y adoctrinamiento. Nuevos legisladores han asumido. Quizás estemos camino a revertir atrocidades dogmáticas. El tiempo dirá.




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