El periodismo basura se victimiza por no recibir pauta oficial, aduciendo «falta de libertad de expresión»

En Argentina no hay persecución a la prensa. La verdadera amenaza a la libertad de expresión es un gran sector del periodismo que exige pauta oficial como soborno. Lo vemos en Chubut, en todas las provincias, y en medios nacionales.

Por qué muchos medios buscan instalar una falsa persecución a la prensa?

El debate sobre la libertad de expresión en Argentina ha sido capturado por una narrativa tendenciosa impulsada por sectores del periodismo acostumbrados a vivir del dinero de la pauta oficial. En lugar de adaptarse a un nuevo paradigma más transparente y autosustentable, medios como La Nación y otros tantos, eligen instalar la idea de una supuesta “persecución a la prensa” por parte del gobierno de Javier Milei. Pero esta estrategia no responde a una amenaza real contra la libertad de prensa, sino a la desesperación de perder privilegios económicos financiados por el Estado.

En la imagen de portada, extraída de un artículo del diario La Nación, vemos a un Milei matando «mariposas»; una forma absurda del periodismo nefasto de disfrazarse como «caperucitas rojas» o seres indefensos en manos de un malvado tirano, por el simple hecho de no darles plata del estado para publicidad oficial.

El modelo que se resiste a morir

Históricamente, los grandes medios argentinos han funcionado como engranajes del poder político, no como sus contrapesos y mucho menos como sectores independientes. La pauta oficial fue su principal fuente de ingresos y, a cambio, ofrecieron silencio cómplice o críticas edulcoradas a quienes gobernaban. Hoy, con un Ejecutivo que ha recortado drásticamente el gasto en publicidad oficial, muchos de estos medios recurren al victimismo para recuperar el flujo de fondos públicos. El problema no es la falta de libertad, sino la falta de pauta.

El diario La Nación y la construcción de una víctima ficticia

Un ejemplo claro de esta operación mediática es un reciente artículo publicado por La Nación, que intenta presentar una Argentina en crisis institucional donde los periodistas estarían siendo atacados por el poder político. El texto recurre a frases ambiguas de diplomáticos, declaraciones sin fuente directa, y una alarmista interpretación de informes internacionales para sostener un relato que no resiste el menor análisis. No hay censura, no hay detenciones arbitrarias de periodistas, no hay clausura de medios. Lo que hay es una falta de financiamiento estatal a medios que nunca aprendieron a sostenerse por sus propios medios.

FOPEA: ¿Defensores del periodismo o lobistas de la pauta?

El rol del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) merece un capítulo aparte. Si bien son inexistentes a nivel nacional, y son totalmente desconocidos por la población, se presentan como adalides de la libertad de prensa, cuando muchos de sus integrantes son, en realidad, beneficiarios de contratos millonarios con gobiernos provinciales y municipales. FOPEA opera como una pantalla institucional que encubre intereses económicos concretos, alineados con el viejo modelo del periodismo subsidiado. Bajo el disfraz de defensor de derechos, presiona para reinstaurar un sistema de prebendas disfrazado de pluralismo.

A nivel local y provincial podemos ver claramente el rol de estos medios que rebalsan de publicidad oficial y disfrazándose de periodismo, haciendo un «corte y pegue» de la información que les bajan los gobiernos, sin siquiera analizar o investigar si la información es veraz.

El periodismo berreta durante la pandemia

Un capítulo aparte merece el rol de estos medios basura durante la pandemia. Mientras la gente se moría más de hambre que de covid por no poder salir a trabajar, estos medios seguían recibiendo sus fortunas en pautas oficiales, repitiendo como loritos la información –o mejor dicho: la «bajada de línea»– del gobierno kirchnerista, impulsando agresivamente a que la gente se vacune con experimentos sin desarrollo suficiente, que trajeron enormes problemas de salud a muchas personas, e incluso la muerte.

Pero el periodismo basura no se hace cargo de sus muertos. La plata vale más que el honor y el profesionalismo, y trataban de ignorantes a la gente que simplemente tenía dudas sobre la eficacia de esas vacunas que al final no protegieron a nadie de nada porque los mismos vacunados eran los que se enfermaban, mientras que muchos de los que nunca se inocularon, jamás tuvieron la enfermedad.

Impulsaron el encierro de la población, generándoles inmensos daños irreparables, sin poner un solo pero a las políticas nefastas, inhumanas, destructivas y sin ningún rigor científico, impulsadas por los más perversos incompetentes acomodados políticamente en puestos jerárquicos en el sistema público de salud.

Defendieron los vacunatorios VIP, e incluso siguen poniendo en primera plana como referentes informativos sobre temas de salud a los responsables imputados por la justicia por semejante atrocidad.

El periodismo basura como difusor del degeneramiento y las ideologías nefastas

No debemos olvidar que la instalación del degeneramiento social vino de la mano del periodismo. Con la excusa de «igualdad de derechos» permitieron la instalación de ideologías nefastas en la sociedad y en las escuelas, sexualizando perversamente a los más chicos e indefensos, haciéndoles creer que es normal y natural que un hombre se crea mujer o viceversa y que todo el resto de la población debe obedecer a los desequilibrios psicológicos y traumas de esas minorías. Así murió Lucio Dupuy, el niño indefenso violado, golpeado y asesinado por su madre y su pareja mujer fanatizadas por estas ideologías difundidas por los medios como una «nueva normalidad».

Pusieron como modelos a seguir a personas con serios trastornos de personalidad, destruyendo a la cultura, las normas básicas de convivencia, y hasta criminalizando de manera violenta y asquerosa a las personas de sexo masculino, en pos de un falso feminismo, que no es más que un movimiento de resentidas sociales en busca de la violencia social y la destrucción de las relaciones entre hombres y mujeres.

Todo por no contradecir al estado kirchnerista proveedor de la pauta oficial de la que vivieron toda su vida. Son, ni más ni menos, los empleados estatales más caros e ineficientes de la historia del país.

La verdadera amenaza a la libertad de expresión

La mayor amenaza a la libertad de expresión en la Argentina no es un gobierno que decide cortar el grifo de la pauta oficial. Es un periodismo que se niega a vivir sin ella. La connivencia entre medios y gobiernos ha sido históricamente el mayor obstáculo para una prensa libre e independiente. El desafío, ahora, es construir un ecosistema mediático verdaderamente autónomo, donde la crítica al poder no dependa de su billetera.

El rol del periodismo y su billetera

En lugar de llorar por los rincones o de armar campañas para recuperar beneficios perdidos, el periodismo argentino debería aprovechar esta crisis como una oportunidad para redefinir su rol social. Basta de disfrazar reclamos económicos como luchas por la libertad. La verdadera libertad de prensa se defiende ejerciéndola con independencia, no exigiendo pauta.

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