En una acción que eleva aún más la tensión entre Washington y el régimen de Nicolás Maduro, Estados Unidos ha desplegado en aguas del sur del Caribe una imponente flota naval y aérea como parte de una ofensiva contra el narcotráfico y los “cárteles-terroristas” que vincula directamente con el gobernante venezolano.
Una ofensiva militar en aguas cálidas
Se sumaron al operativo el crucero de misiles USS Lake Erie y el submarino nuclear de ataque rápido USS Newport News, que arribarán a la región a inicios de la próxima semana. Esta maniobra se suma a un escuadrón anfibio compuesto por los buques USS San Antonio, USS Iwo Jima y USS Fort Lauderdale, transportando unos 4 500 militares, incluidos 2 200 infantes de marina.
La Casa Blanca señaló que el objetivo es “usar todo su poder” contra cárteles narcoterroristas, calificando al régimen de Maduro como un “cartel del narcotráfico”.
Recompensas, acusaciones y duplicación de apuestas
La presión estadounidense se multiplica en el terreno judicial y simbólico: la recompensa por información que conduzca a la captura de Nicolás Maduro se ha elevado a 50 millones de dólares. Las acusaciones incluyen cargos por narcoterrorismo, conspiración y vínculos con redes criminales internacionales como el “Cartel de los Soles”, Tren de Aragua, el cártel de Sinaloa e incluso organizaciones terroristas extranjeras.
Respuesta militar y propagandística del régimen
En una exhibición de fuerza interna y relanzamiento propagandístico, Nicolás Maduro anunció el despliegue de 15 000 efectivos militares en la frontera con Colombia, mientras que previamente había convocado a 4,5 millones de milicianos para lo que denominó un “plan de paz”.
Diosdado Cabello, hombre fuerte del chavismo, reiteró que “Venezuela es territorio limpio y libre de narcotráfico” e incluso acusó a la oposición de vínculos con carteles extranjeros —sin aportar evidencia concreta.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez, por su parte, tachó la llegada de buques estadounidenses al Caribe de “agresión psicológica” y trató de minimizar el impacto asegurando que los barcos que realmente “salen de Venezuela son los petroleros con destino a Estados Unidos”.
¿Es posible fiar en estas reacciones?
Expertos en la materia han calificado este despliegue como una “demostración de fuerza” más que un operativo militar directo, en un escenario donde el régimen ha cooptado buena parte del aparato militar y civil para sostenerse ante denuncias sobre su implicación en el narcotráfico y la corrupción criminal.
Además, analistas advierten que la escalada militar, sumada a concesiones energéticas como la reanudación de operaciones de grandes petroleras extranjeras, termina fortaleciendo al régimen venezolano en lugar de debilitarlo políticamente.
Situación crítica
El panorama es claro y preocupante: Estados Unidos escaló su respuesta —militar, simbólica, judicial— ante un régimen cada vez más aislado y señalado por narco-autoritarismo.
La narrativa del gobierno venezolano, centrada en victimismo y soberanía, carece de legitimidad cuando la evidencia sobre el Cártel de los Soles y las estructuras criminales que operan bajo su amparo permanece sostenida por múltiples investigaciones internacionales.
En medio de esta tensión, lo más alarmante no es solo el nivel de confrontación militar, sino una dictadura que presiona su ya mermada institucionalidad, manipula el aparato miliciano y despliega discursos vacíos mientras resiste un cerco internacional que, paradójicamente, podría ofrecer algún respiro a una oposición debilitada y a una sociedad harta de represión.




Deja una respuesta