Estados Unidos atacó en el Caribe a un barco cargado con drogas, vinculado al Tren de Aragua, y Trump lo celebró como un golpe al narcotráfico. La acción eleva la tensión con Venezuela.
El ataque militar estadounidense contra una lancha identificada como parte del Tren de Aragua marca un nuevo capítulo de confrontación entre Donald Trump y Nicolás Maduro. Más allá de la espectacularidad del video difundido por el expresidente norteamericano en Truth Social, lo que está en juego es mucho más que un operativo antidrogas: se trata de un pulso geopolítico con aroma a guerra fría en pleno Caribe.
Trump anunció que, bajo sus órdenes, el Comando Sur ejecutó un “ataque cinético” contra narcoterroristas vinculados al Tren de Aragua, organización que definió como una red criminal bajo control directo del régimen venezolano. El resultado, según su propio relato: once muertos, ninguna baja estadounidense y una advertencia contundente a quienes pretendan introducir drogas en Estados Unidos.
Maduro, como era previsible, respondió con amenazas de “lucha armada” y denuncias de una conspiración fabricada en Washington. El chavismo no tardó en señalar que todo se trata de una puesta en escena, llegando incluso a calificar el video de montaje con inteligencia artificial.
Lo cierto es que el Tren de Aragua, nacido en la cárcel de Tocorón, se convirtió en la organización criminal más expansiva de Venezuela y ya opera en varios países de la región. Su evolución de banda carcelaria a cartel transnacional es inseparable del derrumbe institucional venezolano y del amparo que encuentra en sectores del poder político.
La ofensiva de Trump puede leerse en dos planos: como un mensaje de mano dura contra el narcotráfico —útil para la política interna estadounidense— y como un desafío directo al chavismo, que interpreta el despliegue militar en el Caribe como el preludio de una intervención.
En este tablero de tensiones, el riesgo es claro: cada acción y cada declaración sube la apuesta. Venezuela promete resistir “aunque le pongan 10.000 misiles en la cabeza” y Estados Unidos exhibe su músculo militar. El Caribe se transforma así en escenario de una peligrosa partida donde narcotráfico, política y propaganda se mezclan a partes iguales.
La pregunta de fondo es si realmente se trata de un golpe decisivo contra el crimen organizado o de un capítulo más de la narrativa política de Trump. En cualquier caso, lo que parece inevitable es que los pueblos de la región seguirán siendo rehenes de esta confrontación entre la retórica de la “guerra contra las drogas” y la propaganda de resistencia del dictador chavista.




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