MALVINAS EEUU 24 ABRIL DE 2026

EEUU apoyaría a Argentina en su reclamo por Malvinas. Desesperación en el Reino Unido.

Filtraciones del Pentágono revelan que EEUU evalúa retirar su apoyo al Reino Unido sobre Malvinas. La corona británica, sin argumentos, solo impone su ley por la fuerza.

Malvinas: el mundo mira la hipocresía británica mientras Estados Unidos hace tambalear su apoyo a la corona

El tablero geopolítico vuelve a sacudir el archipiélago del Atlántico Sur. Una filtración interna del Pentágono, publicada por la agencia Reuters, expone que el gobierno de Donald Trump evalúa seriamente suspender el respaldo histórico al Reino Unido en su disputa de soberanía con la Argentina por las Islas Malvinas. Más allá de la decisión final que adopte Washington, lo verdaderamente revelador es que, una vez más, el reclamo argentino se mantiene vigente en la agenda mundial, mientras Londres se aferra a un silencio incómodo, incapaz de esgrimir un argumento jurídico o moral válido para justificar su ocupación.

Porque el Reino Unido no tiene razón. Solo tiene poder de fuego. La historia es tozuda: en 1833, la corona británica desalojó por la fuerza a la población argentina que legítimamente habitaba las islas. Y en 1982, Margaret Thatcher ordenó una desproporcionada ofensiva militar que dejó 649 soldados argentinos muertos. Desde entonces, Londres no solo consolidó su dominio colonial —antójese a las resoluciones de Naciones Unidas que exigen diálogo— sino que se encargó de desmantelar sistemáticamente las Fuerzas Armadas argentinas, imponiendo un desarme unilateral a loa Argentina.

Lo que hoy se filtra desde el Pentágono es un cachetazo a la hipocresía británica. El correo electrónico interno, que forma parte de un plan de “castigo” a los aliados de la OTAN que no apoyaron a Estados Unidos en la guerra contra Irán, incluye textualmente la posibilidad de reconsiderar el respaldo diplomático a las “posesiones imperiales” europeas, mencionando explícitamente a las Islas Malvinas. Es decir, el mismo Reino Unido que predica autodeterminación y respeto al derecho internacional, hoy ve cómo su principal socio estratégico lo pone en la picota por puro interés geopolítico.

La respuesta de Downing Street fue, cuanto menos, patética: un portavoz de Keir Starmer declaró que “la soberanía recae en el Reino Unido” y que “los isleños votaron a favor de seguir siendo británicos”. Pero omiten un detalle fundamental: esos isleños son producto de una ocupación y un reemplazo poblacional organizado desde Londres, tal como denunció la Argentina ante la ONU. La autodeterminación no aplica cuando el territorio fue arrebatado por la fuerza y luego poblado por ciudadanos de la potencia colonizadora. Ese truco de prestidigitación jurídica ya no engaña a nadie.

Lo destacable, más allá de la postura que finalmente adopte Trump o el propio Starmer, es que el tema Malvinas sigue más vigente que nunca en la escena global. La filtración del Pentágono no es un hecho aislado: se suma a los sucesivos pronunciamientos del Comité de Descolonización de la ONU (C-24), que año tras año insta a retomar las negociaciones. Y ocurre en un contexto donde la Argentina cuenta con un aliado estratégico en la Casa Blanca gracias a la sintonía entre Javier Milei y Donald Trump, mientras el candidato argentino Rafael Grossi pugna por la secretaría general de Naciones Unidas.

El Reino Unido no tiene argumentos: tiene misiles, tiene una base militar ilegal en suelo disputado y tiene la complicidad histórica de un imperio que nunca aceptó que sus días de gloria terminaron. Pero la realidad se impone. Hoy, hasta Estados Unidos se pregunta si vale la pena seguir apuntalando una posesión colonial indefendible. Y mientras Londres se agarra a sus “juguetes” —como llamó Trump a los portaaviones británicos—, la Argentina eleva la voz con derecho histórico, respaldo diplomático y una comunidad internacional cada vez más atenta a la hipocresía de la corona.

la guerra de 1982 no terminó en el campo de batalla. Terminó en el terreno de la verdad. Y allí, el Reino Unido siempre pierde.

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