María Corina Machado llega a Oslo tras una peligrosa travesía secreta desde Venezuela para recibir el Nobel de la Paz en un símbolo de lucha democrática.
María Corina Machado, líder opositora venezolana, llegó a Oslo después de una travesía clandestina marcada por riesgos extremos, vigilancia y una planificación milimétrica para evitar que el régimen venezolano frustrara su salida. El viaje, que incluyó disfraces, controles militares, mar turbulento y múltiples escalas aéreas, se convirtió en símbolo de resistencia democrática.
La dirigente llevaba más de un año oculta y su salida del país se mantuvo bajo absoluto secreto debido a la intensa vigilancia estatal y el temor a represalias. Su travesía comenzó con una peluca y un disfraz para pasar inadvertida en un recorrido lleno de controles militares hasta la costa venezolana, donde una precaria lancha pesquera la esperaba para iniciar su escape.
La navegación rumbo a Curazao se realizó en condiciones difíciles, enfrentando olas y fuertes vientos. Tras llegar a la isla, abordó un avión privado que inició un extenso trayecto internacional con escalas técnicas antes de llegar finalmente a Noruega. En total, la odisea superó los 9.000 kilómetros y requirió la colaboración de aliados políticos y familiares.
Aunque no llegó a tiempo para la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, su hija, Ana Corina Sosa Machado, recibió el galardón en su nombre. En el discurso leído durante el acto, Machado enmarcó la lucha venezolana como una travesía colectiva por la libertad, haciendo referencia a las raíces históricas del país y a la importancia de la defensa de los derechos y la institucionalidad republicana.
En Oslo, la líder opositora se reencontró con familiares, aliados y decenas de venezolanos que la esperaron durante horas. La emoción y el alivio marcaron el ambiente tras días de incertidumbre sobre su paradero. Machado expresó su agradecimiento a quienes arriesgaron su seguridad para hacer posible su llegada y afirmó que el reconocimiento internacional representa un mensaje de esperanza para el pueblo venezolano.
Durante la ceremonia, también se denunciaron las violaciones a los derechos humanos cometidas en Venezuela, haciendo hincapié en la colaboración del régimen con aliados autoritarios y en la necesidad de una transición democrática. Las palabras resonaron entre líderes internacionales presentes, reforzando el sentido político del galardón.
La travesía de Machado hacia Oslo se transformó así en un símbolo de determinación en medio de un contexto represivo. Su arribo no solo confirmó su tenacidad, sino que también revitalizó la esperanza de miles de venezolanos que ven en ella una referencia para la recuperación de la libertad.




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