El ataque a la caravana de Javier Milei en Lomas de Zamora expone cómo el kirchnerismo recurre a la violencia ante la pérdida de poder político. Pareciera una escena de la películo «El Planeta de los Simios».
El reciente ataque contra la caravana del presidente Javier Milei en Lomas de Zamora vuelve a poner en evidencia una realidad peligrosa: cuando las ideas escasean, algunos sectores políticos recurren a la violencia. Piedras lanzadas a metros de la cabeza del mandatario no son un hecho menor, sino una señal clara de intolerancia y de desesperación frente a un gobierno que logró instalar un nuevo paradigma político y económico.
El episodio, ocurrido mientras Milei saludaba a sus seguidores, terminó con la retirada de la comitiva presidencial por razones de seguridad. Acompañaban al jefe de Estado su hermana Karina Milei, el diputado José Luis Espert y el dirigente Sebastián Pareja. La agresión, lejos de intimidar al oficialismo, abrió un debate sobre el rol del kirchnerismo en la escalada de violencia política.
El presidente y sus funcionarios interpretaron el hecho como un síntoma del ocaso de una fuerza que perdió el control de la calle y que, incapaz de articular un proyecto alternativo, recurre a la confrontación física. Patricia Bullrich habló de un ataque organizado, mientras Espert relató cómo incluso miembros de la comitiva fueron alcanzados por piedras.
La reacción del oficialismo fue unánime: “Kirchnerismo nunca más”. Un lema que busca sintetizar la idea de que la violencia política forma parte del pasado y no tiene cabida en la Argentina que Milei pretende construir. El mensaje también se enlaza con los logros económicos que exhibe el gobierno: una fuerte reducción de la pobreza y la inflación, presentados como pruebas de que el rumbo iniciado es irreversible.
Lo ocurrido en Lomas de Zamora trasciende el hecho policial. Se trata de un choque de modelos de país: de un lado, la violencia y el fracaso económico de quienes gobernaron hasta hace poco; del otro, la apuesta a un cambio de raíz, con ajuste fiscal y reformas profundas.
La piedra lanzada al Presidente simboliza mucho más que una agresión. Es la muestra de que la vieja política, despojada de argumentos y legitimidad, solo puede responder con violencia. La verdadera respuesta, como señaló el propio Milei, llegará en las urnas.
La gran incógnita es… ¿Cómo se detiene a esta corriente cavernícola que no entiende de ideas, libertad ni democracia?




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