En este nuevo capítulo de «El Palacio de La Risa», Juan Bautista Alberdinangus, nos pone al día sobre El Emperador y las repercusiones del caso que sacude a todo Chubut.
ARDE TROYA
Hola, Hola!!!! Cómo están? Espero que bien!
Tuvimos unas semanas moviditas, nadie puede negarlo!!!!! En realidad, sucedió lo que tenía que suceder: este medio publicó una investigación que venía realizando durante varios meses, y todo implosionó como una bomba de neutrones dentro del Palacio y de esta bendita provincia!!!!
Hasta el Gober se hizo eco de ella y empezó a despotricar contra los emperadores y contra El Emperador, recibiendo muchos aplausos de la gente de a pie, muchas críticas y comentarios de algunos funcionarios y emperadores, que quedaron descolocados frente al descalabro y la escalada que tomó la noticia.
Lo que sucedió después no tiene desperdicio…
¿Yo tengo la culpa?
Qué quilombo armaste, Alberdinangus!!!!!, me dijo otro emperador, no sé si enojado o asombrado, porque es la primera vez que se destapa algo así.
Me culpan a mí porque, con esta bonita columna, dí el puntapié inicial en un tema que siempre fue tabú y prohibido: llamar la atención sobre las barbaridades, los manejos poco claros, los acomodos y los atropellos que se cometen en El Palacio de la Risa.
Ahhh…. Y también lo culpan al responsable de la investigación, el “Lanata” local, porque -dicen- fue muy poco oportuno en largar la nota justo cuando estaba la pelea por los fueros.
“Lanata” está intratable: la pegó en todas y dejó a sus colegas viendo pajaritos…
Con culpa o sin culpa, “Lanata” está exultante. Y con razón. La rompió. La descosió. “Le salieron todas”, comentaban entre pasillos algunos periodistas, con mezcla de sorpresa y resignación.
Mientras Paulita todavía se está preguntando: “¿esto se puede chequear?”, él ya publicó, pegó primero y dejó descolocado a sus colegas, quienes en muchos casos masticaron aire y entraron en modo zen para no putear en público.
El Envidioso Anónimo contaba inclusive en un bar que la nota había sido, ni más ni menos, dinamita pura: datos exclusivos, análisis certero e información que muchos sabían pero que nadie se había animado a contar. La precisión de los datos hizo que su trabajo se volviera tendencia en redes sociales y referencia inmediata en distintas redacciones.
Decenas de miles de visitas al portal de noticias dejaron enterrados a los portales locales que preferían publicar recetas de cocina o el clima en “La Zeta” a hacer un trabajo serio. Y lo peor es que se sienten conformes por algunos “Likes” que reciben en Facebook en vez de entender la realidad del tráfico en las redes y en la web toda.
“¿Cómo hizo?”, “¿Quién le pasó esto?”, “¿y nosotros qué somos, payasos?”, fueron algunas de las frases que se escucharon en los distintos medios de comunicación locales y provinciales, mientras “Lanata” se preparaba un cafecito y contestaba a diestra y siniestra llamados, notas y reportajes de medios nacionales.
En realidad “Lanata” venía tejiendo su cobertura con paciencia quirúrgica, evitando filtraciones, chequeando fuentes en forma obsesiva, y esperando el momento justo para dar la noticia.
Dicen que la envidia es el motor del periodismo. Si es así, “Lanata” acaba de regalarle un tanque lleno a toda la profesión. La gente lo aplaude, los comentarios inundan las redes, y cada día aparecen y le envían nuevos datos que van a dejar mucho para hablar en los próximos meses…
Que se cuide quien venga atrás. Porque “Lanata” no sólo la está rompiendo: está también bailando sobre su ego. Y con ritmo. Y eso es peligroso…
Sin dudas, un cronista agudo y confiable que empieza a consolidarse y, con esta jugada, se posiciona como uno de los nombres fuertes de lo que hasta ahora fue algo inexistente en esta aldea: el periodismo de investigación local.
Diario de un crack rodeado de mediocres.
La historia fue simple. Mientras todos jugaban al “no confirmo ni desmiento” y a mirar para otro lado, “Lanata” tenía la info confirmada, contrastada y perfumada.
Sus colegas (los de la mesa de enfrente) y los huéspedes de El Palacio de la Risa, los mismos que dijeron que “no iba a pasar nada”, que era “una operación” y que todo eran “habladurías”, ahora están recalculando y optan por hacer silencio (un silencio que habla) frente a una verdad que se presenta cada vez más como innegable e incontrastable. Literalmente, uno o dos abrieron “Google Maps” para buscar dónde se habían equivocado.
Otros, decidieron publicar la noticia como si fuera propia, ocultando la fuente, tratando de adueñarse de laureles ajenos ya que nunca movieron un dedo por conseguir unos propios. Ojo! También hubo de los buenos, que llamaron a la fuente e incluso pidieron permiso para reproducir la noticia!
Ahhhhh….. y me olvidaba… Un medio local increíblemente bajó el posteo de la noticia a las pocas horas de publicarlo. Dicen que fue por un llamado de El Emperador, ya que el dueño de aquel portal tendría una relación bastante importante con este personaje desde hace mucho tiempo… Ampliaremos….
Igual algo debe destacarse: “Lanata” rechazó muchos reportajes y entrevistas. No por humildad, sino porque tenía sueño. Y porque -dice- no necesita hacer alarde de nada: los cracks publican y se van a dormir. Los otros se quedan tratando de entender qué paso.
El Emperador de capa caída.
Nuestro querido Emperador, que alguna vez se pavoneó con su capa brillante, hoy está de capa caída y más deshilachado que calcetín en zapato nuevo. No tuvo suerte, es cierto. Quiso ser el amigo de todos (porque, claro, él es el héroe de su propia novela) y terminó de la peor manera. Se metió en una batalla contra sus superiores y contra el poder de turno creyendo que seguían los gobiernos timoratos anteriores con los cuales se podía transar (en el buen sentido de la palabra), y el resultado fue nefasto.
Cuando vio que el panorama se oscurecía, no quiso dar la cara y pidió licencia en la asociación que representaba, pese a que todos ya sabían que él había sido quien más habría fogoneado la pelea contra el gobierno y contra los supremos. Y eso fue algo que ni los propios le perdonaron.
El Gober salió a enfrentarlo, y justo en el momento en que se caía de bruces, “Lanata” publicó la información que lo noqueó más rápido que un KO en el primer round.
Sí, porque cuando ya creíamos que no podía hundirse más entre adversarios y aliados, la realidad le dio un golpe bajo y lo dejó viendo estrellas. Ahora, más que emperador, parece protagonista de una tragicomedia barata, con la dignidad y la credibilidad por el suelo. Y dicen que todavía no terminó y que habría una bomba atómica preparada.
Pero ojo, la caída no sería en solitario. Seguramente ella va a salpicar a varios más. De hecho, ya hay muchos que se preguntan si valió la pena subirse a esa montaña rusa.
Moraleja: cuando quieres complacer a todos, terminas sin agradar a nadie. Y si a eso se le suma una noticia que te tumba de un sopetón, prepárate, porque la caída no es solo tuya… es un tsunami para todos los que están cerca.
La reacción del Gober
El Gober no es un típico gobernador. No cita a Maquiavelo, no habla en tecnicismos y no va por atrás, como se acostumbra en el poder.
Pero eso no significa que no sepa jugar. Sabe perfectamente donde está parado. Y sobre todo, sabe cuándo hablar y cómo hacerlo para que nadie lo olvide. Y es frontal y directo.
Cuando estalló el escándalo, muchos esperaban la clásica estrategia política: evasión, comunicado vago, un “se va a investigar” y pasar a otro tema como si nada. Pero no. El Gober hizo lo contrario. Salió en X para acusar. Y lo hizo con estilo.
“La corrupción no se combate con discursos. Se combate con denuncias. Y con valor”, le habría dicho a sus colaboradores. “Porque si bien es más fácil mirar para otro lado, yo no vine a ser cómplice. Vine a barrer, aunque el polvo grite”. “No más preguntas, Señor Juez”. Impactante.
Y no se quedó en el show: tomó acciones y ordenó denuncias. Algo nunca visto y que debe destacarse.
Por si alguien se pregunta si esto es parte de una campaña pagada con publicidad oficial, la respuesta es no. Ni yo ni el medio recibimos un solo peso estatal. Tampoco somos oficialistas ni oposición. Así que no. No vendemos espacios ni promociones. Lo único que vendemos es transparencia… y esa viene gratis, aunque a algunos les duela y les cueste creerlo.
Ustedes lo hicieron.
Cuando, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, los nazis ingresaron a la fuerza en la casa de Pablo Picasso en París, en busca de pruebas que pudieran comprometerlo, se toparon con un cuadro de inmensas proporciones e imponentes figuras. Era el “Guernica”, una de las obras fundamentales de la pintura del siglo XX. En ella el genio mostraba una indignada reacción luego del bombardeo franquista a esa ciudad española, en abril de 1937.
“¿Fue usted quien hizo esto?”, le preguntó un oficial al pintor, que apenas podía contener su indignación. Picasso, que a esa altura ya era un artista consagrado, sin titubear respondió: “No, a decir verdad, esto lo hicieron ustedes”. No lo detuvieron. Es probable que ni siquiera lo hayan entendido del todo.
Llegado a este punto, hay muchos funcionarios y emperadores que no me perdonan que haya inventado esta columna. Me acusan de exagerar. De denostar a la Justicia. De ponerle palabras graciosas a cosas graves. De atentar contra el sistema. De que todo sea una ficción canallesca.
A esos críticos, poderosos ofendidos o guardianes del tono institucional, solo les digo que probablemente en algo tengan razón. Pero lo cierto es que todo lo que conté, con sarcamo o sin él, ya estaba ahí. Yo solo lo he narrado cómicamente.
Yo no inventé a El Emperador. Yo no guardé silencio ni fui encubridor ante la realidad que se cruzaba ante los ojos. Yo no me beneficié con favores. Yo no actué como si nada pasara. Yo no aproveché la situación para llevar agua para mi molino.
No. Yo solo puse gracia donde había un escándalo. Solo narré tragicómicamente una historia que ya estaba manchada… solo que ustedes la tenían guardada, y yo la puse en color.
Si duele, no es por la pluma. Es por lo que sangra. Yo solo prendí la luz.
Como dijo Picasso, que sí sabía mirar el horror de frente:
“No lo hice yo. Lo hicieron ustedes”.
Hasta la próxima!!! (si todavía estamos).-
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