zelensky ucrania 8 dic 2025

Activos rusos y Ucrania: la prueba de fuego de Europa

UE propone usar activos rusos congelados para financiar a Ucrania; la resistencia belga amenaza la ayuda y pone a prueba la unidad europea.

La Comisión Europea presentó una idea audaz: convertir activos rusos congelados en respaldo para un préstamo masivo a Ucrania que le permita pagar su Estado y su defensa durante los próximos años. La propuesta —técnica, polémica y profundamente simbólica— expone una tensión esencial: ¿prioriza Europa la solidaridad estratégica con Kiev o la cautela legal y política de gobiernos pequeños pero decisivos?

Como periodista de opinión, sostengo que esta propuesta revela mucho más que un mecanismo financiero. Es una fotografía de la Europa contemporánea: fragmentada en intereses nacionales, con liderazgo confundido entre el deber histórico y el cálculo electoral, y con una burocracia que intenta transformar sanciones en reparación sin romper la frágil arquitectura legal del bloque.

En el núcleo del conflicto está Bélgica, cuyo primer ministro, temeroso de responsabilidades financieras futuras, exige garantías que hoy parecen insuficientes. El riesgo de convertirse en blanco de demandas rusas por la devolución de bienes retenidos —y de cargar con posibles consecuencias económicas— no es menor y responde también a una lógica política interna que no puede ignorarse.

La Comisión propone que los bancos con activos rusos presten el equivalente a la Unión Europea, que luego transferiría ese dinero a Ucrania, asumiendo el riesgo de devolución. En teoría, el diseño protege a países como Bélgica. En la práctica, aparece otro temor: que alguno de los Estados miembros, con posturas más cercanas a Moscú, rompa el frente común y exija levantar sanciones, habilitando así la posibilidad de que Rusia reclame sus activos.

El problema ya no es solo jurídico o financiero. Es moral y estratégico. Si Europa logra avanzar con este plan, enviará una señal clara de fortaleza, coherencia y compromiso con la defensa de un país invadido. Pero si fracasa por divisiones internas, ofrecerá al Kremlin una victoria política sin necesidad de disparar un solo misil.

Mientras tanto, los países del norte de Europa siguen aportando miles de millones de euros en ayuda humanitaria, militar y de reconstrucción. Esa carga desigual empieza a generar malestar dentro del bloque. ¿Hasta cuándo unos pocos sostendrán lo que debería ser un esfuerzo compartido por toda la Unión?

El costo económico directo representa una fracción mínima del PBI europeo, pero el costo de la inacción podría ser mucho mayor: más inestabilidad, más guerras, más presión migratoria y un mundo donde la invasión de un país puede quedar impune si el agresor tiene suficiente poder.

Por eso, la discusión de fondo no es contable. Es política y ética. Europa debe decidir si está dispuesta a asumir su rol histórico en un nuevo orden internacional o si quedará atrapada en el miedo, la burocracia y el oportunismo electoral.

La verdadera prueba no es si pueden hacerlo desde el punto de vista técnico, sino si se animan a hacerlo desde el punto de vista político. Porque si Ucrania cae por falta de financiamiento y decisión, será Europa la que quede moralmente en deuda frente al mundo.

La historia no juzgará balances financieros; juzgará coraje, unidad y responsabilidad.

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